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en que dos lectores con posiciones ¿Qué es un buen guión, entonces?,
iniciales casi idénticas acaban conver- se pregunta Robert Towne, cuya má-
tidos en irreconciliables enemigos. quina de escribir definió el óvulo que
Polanski habría de fecundar en Chi-
Libretos potencialmente extraordi- natown con su simiente, muy espar-
narios como el de El último magna- cida entonces por áticos y discotecas
te devinieron en películas sin verda- (aquella década se le hizo larga). No
dero aliento, mientras que guiones hay forma de responder, salvo desde
poco memorables (verbigracia, el de el encopetamiento del censor de pelo
La casa de los horrores) mudaron en graso y bolígrafo con linterna que ga-
cintas de valía. La casa de los horro- rabatea en la oscuridad del festival.
res, de Tobe Hooper (el ajumado au- No hay receta. Cuando el espectador
tor de La matanza de Texas), es qui- accidental habla del guión, se refiere,
zá, entre sus películas, la que mejor inevitablemente, a la historia, a «lo
define sus obsesiones y más profun- que pasa». Cuando lo hace su ver-
damente liba en su inconsciente; un sión premium, más peligrosa que la
prodigio de atmósfera y sentido de la primera (disparata más quien sabe
aberración que trasciende un texto un poco que quien no sabe nada),
derivativo, un presupuesto escueto piensa, acaso, en los diálogos, a los
y un elenco de actores decididamen- que su oído ha ido haciéndose sen-
te mejorable. A la vez, pocas obras sible en décadas de huida adelante:
maestras de la literatura universal se del cineclub al smartphone a través
han convertido en grandes películas de la televisión de madrugada, el
(recordemos Guerra y paz, Lolita o VHS y la descarga compulsiva. Pero
Los miserables), y las adaptaciones no. Guión no es historia. Es estructu-
exitosas que primero recordará el ra. No es diálogo (aunque también,
espectador con estantería (¿El pa- en la medida en que pone una histo-
drino?, ¿El nombre de la rosa?, ¿Psi- ria a cabalgar), sino sentido, cataliza-
cosis?) provienen de material brioso dor, relación y propósito. Con diálo-
pero poco literario. O, por exponerlo go o sin él. Aun sin historia. Por eso
con precisión: son cine de primera di- existen guiones de calidad tan dispar
visión y esforzada literatura de segun- sobre Drácula, Sherlock Holmes o Je-
da. De lo que cabe deducir que cine sucristo, aunque compartan sinop-
y literatura absorben con sus raíces sis. Es fácil advertir nobleza en obras
–que a veces se entrecruzan– muy como Network, un mundo implaca-
dispares nutrientes del mismo suelo. ble, o Eva al desnudo, de temática
23 u Espacio I+M Octubre 2016

