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Su servicio de biblioteca me sirvió en la relación bidireccional entre la
de apoyo para unos cuantos traba- generación del medio siglo y el cine,
jos universitarios, y años después para volver a fascinarme con los ar-
fue una de las fuentes consultadas tilugios de Basilio Martín Patino, o
para escribir La sonrisa robada, el li- por el mero placer de pasar un rato
bro dedicado a José Luis Ozores que con quienes viven el cine como na-
por encargo de Fernando Lara escribí die. Aún recuerdo mi primer encuen-
para la Seminci. La oportunidad de tro con Juan Antonio Pérez Millán, el
conocer sus valiosísimos fondos grá- alma del centro, cuando como tantos
ficos la descubriría después, prepa- otros jóvenes envenenados por el
rando Una ventana al mundo, donde cine pedí una charla con él en su re-
recreé la historia del Festival de Va- cóndito despacho. Él me empujó ha-
lladolid en sus bodas de oro. Allí, en- cia el corazón de la Filmoteca, me in-
tre el cuantioso material ordenado y vitó a cuestionarme por las mil y una
cuidado, aparecieron fotografías de historias maravillosas que se escon-
las primeras sesiones de cine que se den tras cada película. Los secretos
proyectaron en el Teatro Calderón, siguen ahí, esperando su momento y
para levantar el telón del que hoy es la llegada de nuevas generaciones de
uno de los mejores festivales euro- curiosos que contribuyan a preservar
peos. viva la llama de un arte que trascien-
El regreso a aquel refugio ha sido una de el mero entretenimiento hasta
constante en mi vida desde hace dos convertirse en parte de nuestras vi-
décadas, bien fuera para profundizar das. Gracias, Filmoteca..

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