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que reducir El Cid a su quintaesen- Península y elige diferentes locali-
cia, se podría decir que es un wes- zaciones en la sierra de Madrid, Pe-
tern español, lo único que sucede ñíscola o Belmonte –además de las
es que va un poco más lejos que el provincias de Burgos y Palencia‒ to-
western, debido a la introducción de dos estos escenarios servirían para
la leyenda en la obra, porque al final recrear las hazañas del héroe me-
es pura leyenda y lo que la gente, y dieval y, entre todas ellas, Torreloba-
los cronistas y los trovadores escri- tón un pequeño pueblo de la provin-
bieron sobre este hombre debe tener cia de Valladolid cuya cotidianeidad
muy poco que ver con historia real”. se vio bruscamente interrumpida
por el rodaje de esta superproduc-
El film potencia lo épico en perjuicio ción de Hollywood. Durante unos
del realismo, mezcla realidad y leyen- días sus vecinos se iban a conver-
da y muestra al Cid guerrero, pero tir en testigos y figurantes de El Cid.
conservador, defendiendo el orden
establecido, el honor, la verdad y, muy Una de las escenas más importan-
especialmente, la unidad de España, tes del film, en la que Rodrigo Díaz
algo que gustó mucho al régimen se niega a entregar a los prisione-
franquista y le abrió todas las puertas. ros musulmanes al enviado del rey
y decide liberarlos, se rueda bajo
Bronston tenía a su disposición los la imponente imagen del Castillo
inmensos y variados paisajes de la de los Comuneros de Torrelobatón.
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