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Tuve en mis manos el primero de es- Hay además una pintoresca casuali-
tos aparatos en el rastro londinense dad para encontrar tus objetos del
de Portobello, hacia los años seten- deseo, no sé cómo, por los lugares
ta y algo. Estaba a la venta en plena más insospechados: en una bodega
calle, en el puesto de una viejilla: de La Mancha, en una dehesa, en
precioso, en su caja de madera con un desván. Tampoco sabría acor-
el cromo decimonónico de la familia darme del precio: si descubres ra-
proyectando las historietas lumino- ramente un aparato que te gusta,
sas alrededor de la camilla, junto al desaparece todo sentido de la eco-
quinqué. Me impresionó tanto, que nomía. Últimamente, a medida que
no me debí enterar muy bien de su podía regalarme algo caprichoso, su
cotización exacta. Lo acarreé por procedencia se estabiliza en las más
Londres, deseando llegar al hotel serias casas de subastas europeas
para armarlo y curiosearlo y contem- y americanas. Pero debo confesar
plar sus cristales fantásticos pinta- que, a pesar de esta afinidad hacia
dos a mano. Un disfrute impagable. los objetos insospechados, no he
tenido nunca afán de coleccionista.
El segundo aparato, no me acuerdo
cuál, reafirmó enseguida la peque- Basilio Martín Patino
ña drogadicción a tan sugestivos ju-
guetes. Y el tercero, y los siguientes, Introducción al catálogo de la exposición
olfateados ya como piezas seguras
de caza, en anticuarios de Londres, Artilugios para fascinar
París y Berlín especialmente. Cada
artilugio está ligado a su proceden-
cia, a veces peregrina: Viena, Nueva
York, México, Atenas... ¡Estambul!
Se entra en el apasionante circuito
de sabuesos proveedores, general-
mente -no sé por qué-catalanes, o
incluso de Béjar, como el querido
Dionisia, emigrado a Madrid, in-
tuitivo como un geocentrista del
Barroco, que lo mismo te facili-
tan una herramienta de la Edad de
Piedra que un Hispano Suiza o el
cinturón de castidad de Melibea.
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