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C omienza su afición a la fotogra- competición de esquí en la sierra de
Béjar siendo, posiblemente, la pe-
fía a los catorce años y, desde enton- lícula más antigua conservada del
ces, no la abandonará. Al igual que el refugio y las pistas de La Covatilla.
pintor busca el mejor ángulo para sus
cuadros, Luis Cabrera, detrás de su Luis Cabrera era un hombre observa-
objetivo va a observarlo todo hasta dor, no solo del paisaje sino de todo
encontrar ese ángulo perfecto que, lo que le rodeaba, especialmente de
de alguna manera, definirá el tránsi- los animales que comparten la vida
to del tiempo. Nunca le faltaba una con nosotros y a los que, en nume-
cámara o un tomavistas que siempre rosas ocasiones, debido a su peque-
le acompañaban a donde quiera que ño tamaño, apenas nos detenemos
fuera. Era un coleccionista de imáge- a mirar. Siempre estaba dispues-
nes que retrató Béjar y su entorno to a aprovechar ese instante breve
desde todos los ángulos y en todas las y fugaz que la mano, a través de la
condiciones meteorológicas posibles. cámara, deja impreso en el papel.
De cualquier forma –decía él– no es
preciso mirar hacia otro lado para ma- En sus fotografías vemos un Béjar
ravillarnos de lo que aquí tenemos. para muchos inédito y para otros tre-
mendamente lejano en el recuerdo
Además de la sierra de Béjar –fotogra- y en el tiempo, imágenes que, ade-
fiadadesdetodosloslugares–también más de su indudable interés, tam-
retrató con su cámara Las Batuecas y bién nos provocan cierta nostalgia.
las sierras de Gredos y de Francia. Le
gustaba especialmente el otoño con
sus verdes, amarillos y ocres y la pri-
mavera, con las laderas cubiertas de
narcisos de la dehesa de Candelario.
En una de sus primeras pelícu-
las, rodada hace unos cincuenta
años en 16 mm, puede verse una
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